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"BOUVARD Y PÉCUCHET" - Gustave Flaubert (1881) Septiembre-2005 "Tal vez la ciencia que se llama estética resolviera sus dificultades. Un amigo de Dumouchel, profesor de filosofía, les mandó una lista de obras sobe la materia. Trabajaron cada uno por su cuenta y después se comunicaban sus reflexiones.
En primer lugar, ¿qué es lo bello? Según Schelling es el infinito expresándose por medio de lo finito. Para Reid, una cualidad oculta. Para Jouffroy, una característica indescomponible. Para DeMaistre, lo que place a la virtud. Para el padre André, lo que conviene a la Razón.
Existen varios tipos de belleza: lo bello en las ciencias: la geometría es bella. Lo bello en las costumbres: no se puede negar que la muerte de Séneca no sea bella. Lo bello en el reino animal: la belleza del perro consiste en su olfato, un cerdo no puede ser bello, dadas sus costumbres inmundas, una serpiente tampoco, porque despierta en nosotros ideas de bajeza. Las flores, las mariposas, los pájaros pueden ser bellos. Finalmente, la condición primera de lo bello es la unidad en la variedad, éste es su principio.
-Sin embargo –dijo Brouvard- dos ojos bizcos son más variados que dos ojos normales y de ordinario producen menos buen efecto.
Tal vez la ciencia que se llama estética resolviera sus dificultades. Un amigo de Dumouchel, profesor de filosofía, les mandó una lista de obras sobe la materia. Trabajaron cada uno por su cuenta y después se comunicaban sus reflexiones.
En primer lugar, ¿qué es lo bello? Según Schelling es el infinito expresándose por medio de lo finito. Para Reid, una cualidad oculta. Para Jouffroy, una característica indescomponible. Para DeMaistre, lo que place a la virtud. Para el padre André, lo que conviene a la Razón.
Existen varios tipos de belleza: lo bello en las ciencias: la geometría es bella. Lo bello en las costumbres: no se puede negar que la muerte de Séneca no sea bella. Lo bello en el reino animal: la belleza del perro consiste en su olfato, un cerdo no puede ser bello, dadas sus costumbres inmundas, una serpiente tampoco, porque despierta en nosotros ideas de bajeza. Las flores, las mariposas, los pájaros pueden ser bellos. Finalmente, la condición primera de lo bello es la unidad en la variedad, éste es su principio.
-Sin embargo –dijo Brouvard- dos ojos bizcos son más variados que dos ojos normales y de ordinario producen menos buen efecto.
Abordaron la cuestión de lo sublime.
Determinados objetos son sublimes por sí mismos: el estruendo de un torrente, las tinieblas profundas, un árbol abatido por la tempestad. Un carácter es bello cuando triunfa, sublime cuando lucha.
-Comprendo –dijo Brouard-. Lo bello es bello, y lo sublime es lo sublime.
¿Cómo distinguirlos?
-Por medio del tacto -respondió Pécuchet.
-Y el tacto, ¿de dónde proviene?
-¡Del gusto!
-¿Qué es el gusto?
Ha sido definido como un discernimiento especial, un juicio rápido, la capacidad de distinguir determinadas relaciones.
-En fin, el gusto es el gusto, y todo esto no indica cómo tenerlo.
Es preciso observar las reglas, pero las reglas varían. Y por perfecta que sea una obra, nunca podrá ser irreprochable. Sin embargo, hay una belleza indestructible, cuyas leyes ignoramos, pues su génesis es misteriosa.
Puesto que una idea no puede expresarse mediante todas las formas, hemos de reconocer los límites entre las artes y, en cada una de ellas, varios géneros. Pero surgen combinaciones en las que el estilo de una entrará a formar parte de la otra, con peligro de desviarse de su fin, de no ser verdadero.
La aplicación demasiado exacta de la verdad perjudica a la belleza y la preocupación por la belleza impide la verdad. Sin embargo, sin ideal no hay verdad. Por ello los tipos son de una realidad más permanente que los retratos. El arte, además, sólo trata de lo verosímil, pero la verosimilitud depende de quien la observa. Es una cosa relativa, pasajera.
Así se perdían en razonamientos. Brouvard creía cada vez menos en la estética.
-Si no es una broma, su rigor se demostrará con ejemplos. Pero escucha. –Y leyó una nota que le había supuesto muchas búsquedas:
-Bouhours acusa a Tácito de no tener la simplicidad que reclama la Historia. Droz, un profesor, reprueba a Shakespeare por su mezcla de lo serio y lo cómico. Nisard, otro profesor, opina que André Chénier, como poeta, está por debajo del siglo XVII. Blair, inglés, deplora en Virgilio el cuadro de las arpías. Marmontel gime por las licencias de Homero. Lamotte no admite en absoluto la inmoralidad de los héroes. Vida se indigna por sus comparaciones. ¡En una palabra, todos los hacedores de retórica, poéticas y estéticas me parecen imbéciles!
-¡Exageras! –dijo Pécuchet.
Tenía grandes dudas, pues si los espíritus mediocres (como observa Longin) son incapaces de cometer faltas, las faltas son propias de los maestros, ¿y habrá que admirarlas? ¡Esto es demasiado fuerte! Sin embargo, ¡los maestros son los maestros! Hubiera querido armonizar las doctrinas y las obras, las críticas y los poetas, captar la esencia de lo bello. Esas cuestiones le preocupaban de tal manera, que se le revolvió la bilis. Ganó con ello una ictericia."
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CAROLINA comenta el 23-02-2008 a las 00:25 NO TIENE LA INFORMACION ADECUADA SON UNA PORQUERIA ESTUPIOS IDIOTAS MIERDAS HAGAN ALGO MAS MEJOR QUE USTEDES

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